El dinero ya se ha movido. El Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana ha completado la transferencia de los primeros 800 millones de euros del Plan Estatal de Vivienda 2026-2030 a las comunidades autónomas, la primera anualidad de un plan que triplica los recursos del anterior hasta los 7.000 millones. Y con él llega la letra pequeña: sostenibilidad exigible, impacto social permanente y control del euro público. El ESG deja de ser un capítulo de la memoria anual para convertirse en un requisito de acceso a la financiación.
El 30 % de los recursos del Plan Estatal de Vivienda 2026-2030 se destina a rehabilitación, con exigencias de ahorro energético que descartan las intervenciones cosméticas.
La palanca más interesante para el promotor es industrial: se habilita una ayuda adicional de hasta 8.500 euros por vivienda cuando se emplean técnicas de industrialización, lo que eleva la ayuda hasta 93.500 euros por vivienda nueva construida con métodos industrializados —y hasta 102.000 euros si además se ubica en zona de mercado residencial tensionado. Es la primera vez que un plan estatal incentiva expresamente la construcción industrializada, en alianza con el PERTE de Vivienda Industrializada (enlace), dotado inicialmente con 1.300 millones.
Menos residuos, menos plazos, menos huella. Y menos incertidumbre de costes.
La gran novedad. Por primera vez se condiciona la financiación a que las viviendas sirvan siempre al interés general: evitando que puedan privatizarse en el futuro. Se acaba la descalificación.
A ello se suma el reconocimiento formal del proveedor social de vivienda, que abre la puerta a que cooperativas, fundaciones y entidades sin ánimo de lucro o de lucro limitado reciban subvenciones directas para comprar, gestionar y promover alquiler asequible permanente.
El Plan incorpora una cláusula antifraude en las adjudicaciones que obliga a repartir la vivienda protegida con criterios objetivos y trazables. En paralelo, el Ministerio ha activado el trámite de audiencia pública de la orden que regulará los mecanismos de seguimiento y evaluación del Plan: información periódica entre Estado y comunidades para auditar el destino de cada euro.
Tres capacidades pasan a ser decisivas: construir con estándares energéticos altos, sostener el activo durante décadas y documentarlo todo.
Metropolitan House opera desde hace años bajo esa lógica: promociones con calificación energética A, colaboración público-privada sobre suelo público y respaldo académico a través de la Cátedra de Vivienda Digna y Sostenible de la UPF-BSM, impulsada con la colaboración de Fundación Metropolitan House, activa desde 2020.
“El Plan pone por escrito lo que el sector llevaba años debatiendo: que la vivienda protegida solo tiene sentido si lo sigue siendo dentro de cincuenta años”, afirma Rafael Angulo Cordero, presidente de Metropolitan House.