23 de septiembre, Día Mundial de la Construcción Sostenible. Hace un año, en este mismo día, reafirmábamos nuestro compromiso de alcanzar la máxima calificación energética en todas nuestras promociones. Doce meses después, el listón se ha movido: en 2028 empieza a incorporarse el impacto climático de todo el ciclo de vida en los edificios nuevos de más de 1.000 m², y en 2030 todos los edificios de obra nueva deberán cumplir el estándar europeo de edificio de cero emisiones. La sostenibilidad ha pasado de ser una aspiración a ser un calendario.
Cada 23 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Construcción Sostenible. Es una fecha útil precisamente porque permite comparar: qué decíamos el año pasado y qué ha cambiado desde entonces.
El año pasado hablábamos de la calificación energética A como objetivo para todas nuestras promociones. Sigue siéndolo, y seguimos construyendo bajo estándares de certificaciones internacionales, como BREEAM, con una gestión ambiental certificada conforme a la ISO 14001:2015.
Pero la eficiencia energética es solo una parte de la sostenibilidad de un edificio. Desde hace años, sistemas de evaluación como BREEAM incorporan también aspectos relacionados con los materiales, el consumo de agua, la gestión de residuos, la movilidad, la biodiversidad o la calidad ambiental interior. La evolución de la normativa europea avanza ahora en esa misma dirección, ampliando progresivamente el foco más allá del consumo energético durante la fase de uso.
Lo que ha cambiado en doce meses
La Directiva Europea de Eficiencia Energética de los Edificios (EPBD), Directiva (UE) 2024/1275, establece un calendario exigente que amplía progresivamente el foco de la eficiencia energética al impacto climático del edificio a lo largo de todo su ciclo de vida. Este año ha dejado de ser un horizonte lejano para convertirse en agenda de trabajo.
La fecha que más va a transformar el sector es 2028. Hasta ahora, medir la sostenibilidad de un edificio consistía, básicamente, en medir lo que consume y las emisiones mientras está en uso. A partir de entonces habrá que calcular también las emisiones asociadas a su ciclo de vida completo: la fabricación de los materiales, su transporte, la construcción y, al final del recorrido, su derribo o reutilización.
Es un cambio de mentalidad profundo. Un edificio puede obtener una certificación energética A y arrastrar una mochila de huella de carbono considerable si se ha levantado con materiales de alto impacto en el medio ambiente y traídos de lejos, por ejemplo. Cuando ese dato aparezca en el certificado energético, dejará de ser invisible.
Por qué esto nos sitúa donde ya estábamos
Aquí está la parte que nos permite celebrar esta fecha con cierta tranquilidad. Muchos de los aspectos que ganan peso en el nuevo marco europeo llevan años formando parte de sistemas de evaluación como BREEAM: la selección de materiales, la gestión de residuos durante la obra, el consumo de agua, la calidad del aire interior o la protección de la biodiversidad.
Haber apostado voluntariamente por un sello internacional exigente no fue un ejercicio de imagen. Fue anticiparse a criterios de la una regulación europea que entonces no existían y que ahora tienen fechas en el calendario.
Lo mismo ocurre con la industrialización de procesos, que reduce residuos y plazos, y con la incorporación de sistemas eficientes de climatización y generación renovable desde el diseño del proyecto, no como añadido posterior.
«Hasta ahora bastaba con demostrar que un edificio consume poco. A partir de 2028 habrá que demostrar también qué impacto climático genera a lo largo de su ciclo de vida. Nos parece una evolución positiva, porque obliga a pensar el edificio en su conjunto y no únicamente su consumo durante la fase de uso ».
Rafael Angulo Cordero, fundador y presidente de Metropolitan House
La otra mitad del problema: lo que ya está construido
Si el Día Mundial de la Construcción Sostenible se dedicara solo a la obra nueva, se quedaría en la mitad. En Europa, buena parte del parque edificado es energéticamente ineficiente y el ritmo de rehabilitación sigue siendo muy bajo: en torno al 1% anual, según la Comisión Europea. Un ritmo insuficiente para alcanzar los objetivos europeos de descarbonización del parque edificado en 2050.
De ahí que el Plan Estatal de Vivienda 2026-2030 haya reservado el 30% de sus fondos a la rehabilitación, con el objetivo de reducir un 30% el consumo energético de más de 260.000 viviendas. Es el terreno de RENOVA, la empresa de nuestro grupo especializada en la rehabilitación de viviendas para mejorar su eficiencia energética, reducir consumos y optimizar su comportamiento ambiental.
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